Canto al norte – Míkel F. Deltoya

Músicos Fara Fara - Geroca

Músicos Fara Fara – Geroca

Canto al norte[1]

A Leslie Lima

“Y en mi pecho floreció una cumbia de la nostalgia como una lágrima que se escapa”

Lisandro Meza

descender sabrá dios desde donde y llegar al valle,
fortaleza de montañas,
metrópoli sitiada por trozos gigantes de vidrio ahumado
y con saudade caer al vacío de las ruinas de una civilización llamada

antigua central de autobuses

con la impresión de haber ingresado a un laberinto al que llamamos ciudad
cuando mi fantasma del pasado aún alcanza a devorarse una torta de bistec con

salsalmonella picante

y soda en botella de diamante vidrioso ahí
a contra esquina de las piernas de una belleza regiomontana
sin proponérmelo
sin darme cuenta
mis pies ya cruzaron por el paso peatonal imaginario
de dos puentes blancos que no son los de königsberg
pero que sí que fueron morada de dos indigentes potosinos
y ahora son estatuas derrumbadas
por la nueva administración progresista

me dirijo del sur al norte
más pa´l norte
diestra tres alegres amas de casa tronándome sus labios rojo-desesperación
siniestra dos patrullas pasándose el alto bajo el penacho de cuauhtémoc
y camino y la ciudad me pasea por su arco del triunfo centenario,
me roza en su entrepierna
mientras los felinos de acero se frotan entre ellos sobre sus talones buscando

estímulos sexuales

mi mortandad por sed se reduce
de forma considerable pues he conseguido descender al umbral de una cantina
mientras el dantesco celador me susurra que abandone toda esperanza
mis pies echan raíz y mi mano le entrega el último billete a un cantinero obeso que

me ofrece más néctar

no tenía porque pasar una noche así,
debí pasarla en un motel,
debí pasarla sobre cartón bajo un puente,
debí pasarla en casa de cualquier colega escuchando música barata
en un reproductor conectado a la hechiza a una bocina pirata,
debí pasarla leyendo un aviso clasificado en las vitrinas
o fingiendo que espero una salida cuando vengo de entrada
cuando me vengo del exilio que me autoimpuse,
debí mi vida entera y jamás facturé un sólo carajo,
y me vengo dentro de la idea de creer que el norte es un trozo de tierra viviente al
cual me encierro y del cual no salgo nunca
una meca magnética que me hace siempre señalarla con el índice

suena la guacharaca el llamador y el acordeón pero no hay negra ni velas ni
botella de ron
suena y emociona nuestro acordeón hasta que amanece
y consigo vaciarme en un urinal con trozos de hielo que se derriten por el beso de
la madrugada y no por mi sudor-manguera
pinturas rupestres abarrotan los amurallados dorsos de los templos y aunque allá

en la esquina

sobre un negocio de hormigas, esté un vigilante filmando
no hay dientes de sable capaces de impedir que los neandertales conmemoren

sus faenas de guerreros

sus vulvas chichimecas
sus estampas de esqueletos
y el majestuoso invento de la rueda y el pulpo
su acción post-ética
cuando menos lo pienso ya crucé a la santa muerte
y me quedé rezándole a la imagen de un cabrito crucificado para redimirnos de
nuestro pecado de gastar
lo poco que nos queda para subirnos a una ruta 50
lata de jamón endiablado que comparto
con obreros que limpian con un trapo viejo

setenta veces siete sus adoloridos brazos llenos de aceite,
brazos sin derecho al júbilo ni al edén prometido de disfrutar un clásico y veinticuatro
huevitos de toro
criadilla líquida

si no te encuentro en revu te busco en sierra ventana, escucho,
si no estás en la indepe te busco en el realito
pero me pierdo en este monterrey laberíntico
y termino besándole los pies a zeus y mirándole los enormes senos a las pléyades
pensando seriamente en hacerme un mullet como el padre mier y así ser la
estrella del cabaret
el houdini que se queda con la paga y los aplausos
el que escribe su novela y el que grita uepajé

extraordinario grito del furor que genera el césped de concreto
casi tan extraordinario como los niños arrojándose a la fuente principal mojados
mirando frenéticos el nacimiento de un arcoíris;
cerámica cocida articulando las despedazadas plantas del pie cristero-cholombian

descalzo,

pípila marginal cargando un costal de cemento sobre un edificio en construcción

grito de la desolación,
de los caminos que nos dejaron los sedentarios árabes
y a partir de los cuáles cuatro mil cuatrocientos guadalupanos construyeron su ruta

soledad de búsqueda que se pierde en el amortiguador,
en el bricolaje, que elabora su propia herramienta
a partir de una quijada de vaca
cortes finos que según nosotros son los mejores de la zona
y que para el resto del país
no son sino trozos de caucho
no comestible

échale harto cloro y blanqueador
y coloca a tres guardias para que veas cómo se transforma
la más inmunda de las cloacas
en una sucursal de venecia bajo los ojos de la sierra
y recórrela y re-córrete
hasta que veas uno de los pocos pulmones vigentes
y dentro de ellos enormes hormigueros de acero con tirolesas y queso fundido
y hormiguitas en tándem mezclándose con trajeados
y niñas bien que miran desde lo alto de sus pedestales al vulgo
y se quitan una de dos piezas de su traje de baño
evidenciando desde sus cielos lo que nunca podremos tener
lo que jamás sostendremos nosotros
lo que imprime el televisor y distorsiona la realidad
sirenas preciosas hipnotizándote con sus coloridas minifaldas y su baile árabe

fascinación constante
locura transitoria
ojo de londres región cuatro con olor a kebab

mientras las promociones de miel de cebada mantengan hidratados
los secos
todo estará bien

sé que no he vivido muchos paraísos
ni he tenido grandilocuentes momentos de plenitud
pero comprendo que cruzar por félix uresti gómez
y mirar a un batallón de sin-nombre
soplar burbujas le da un decoro,
un soplo a este gigante de asfaltolos conductores se quedan en el semáforo viendo cómo
las pompas de jabón desaparecen una por una
y me olvido por un momento que arriba quetzalcóatl bulímico hecho de acero
rechina por engullir
y vomitar todo el día
y hasta el domingo que es gratuito

acabo con las uñas de los pies oscuras por caminar por la ruta de aquel genovés
intentando encontrar un nuevo camino hacia el oriente sin recurrir a la línea 1 de
metro

caigo muerto bajo los pies de una estatua aún no erigida al old man paulino
y me pongo a escuchar como un nieto no reconocido sus historias, sus peleas
y con quienes pasó decenas de relaciones casuales
ay de mí
condenarse a eructar por la eternidad
errante, una canción al norte, a falta de instrumentos, manotear mi barriga cansina
y arrastrar la suela de mis zapatos
sacudiéndome en constancia curricular las moscas que me gritan
“eres un fracaso”
deteniéndome en cualquier esquina esperando que un automóvil del año
me recoja y me lleve a una casa protegida un techo sin goteras un sueño regiomontano

mirando cabizbajo a los taxistas que pasan y se me quedan viendo
y piensan que estoy en las nubes,
“eres un fracaso”
luego suenan su claxon como queriéndome decir:  ¿necesitas un taxi?
y decirles que no, que no hay nada para pagarles más que una canción del
noreste, canción deshidratante de mil  y un pasos
pensaríamos mejor que ese lapso en donde los operadores de las casi cuarenta
rutas periféricas de camiones se detienen ante una vía de tren
y miran a los lados
sería suficiente,
en sumatoria semanal,
para encapsular la idea de lo eterno y cantar cantar cantar

spin-off de propp: el héroe no volverá jamás a casa, a lo mucho irá a traer
naranjas y gloria eterna
la heroína cruzará la frontera y será olida por los conquistadores

pero si me dirijo más al norte en el norte con el afán de escuchar a una pandilla de mariachis
un taxista que aceptó mi canto aguardentoso como moneda de cambio me dirá
que todos los que traen el atuendo y sus instrumentos de fuera son fantasmas que
tocaron hace muchos años

y que ahora deambulan con su falsete engañando a los borrachos

plot twist: le digo al taxista que soy un fantasma también

él me grita me vocifera me maldice y me baja de su unidad y empiezo
donde comencé pero ya no están ni los mariachis ni sus fantasmas

“eres un fracaso”

y canto lloro canto
mirando el atardecer mientras arrojo una piedrita a ese caudal que alguna vez fue
un río y que ahora sufre arterioesclerosis,
estoy sobre el puente, puente amarillo

karol y rigo sobre mis hombros como la caricaturizada
imagen del diablo y el demonio
ambos son amor

empiezo a silbar, no a cantar, no a tararear, a silbar esa canción del norte
de mi laberinto
donde hace algunos ayeres un huracán se llevó al mercado
y consigo
discos pirata, acordeones, remeras, cintos
y además
desplazó a todos los habitantes de macondo incluido el último miembro de la
familia garza buendía

ay del norte, canto al norte
hematoma canicular, luz de sol sobre una lupa:
aún no te abandono, apenas voy llegando
y ya te extraño montones.

—— [1] Mención honorífica en el “Premio de Literatura Joven Universitaria UANL 2014”

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