Contra los escritores de Facebook

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Contra los escritores de Facebook

El efecto bola-de-nieve es incierto; son los sobrevivientes de los flogs literarios. Los exiliados o dispersos de foros y de páginas de fanfics. Esta poderosísima red social desembocó el surgimiento de una nueva clase de autor: el escritor de Facebook. Autores que como tales, han vivido bajo el yugo intelectual sobre sus obras: se sienten menos, no aceptan críticas constructivas, le temen al plagio casi tanto como le temen a que les digan “eres un plagio”. Hacen sus fanpages y firman al final sus kilométricos post con su nombre, muchas veces autoetiquetado.

Les llueven los likes, recomiendan sus páginas de autor – como recordándonos al “effeamos, me firmás reversa, ¿va?”–
les gusta autocitarse y que los citen, les fascina que alguien les haga una imagen romántica-erótica, o de la luna, o de los lobos, o alguna apología a la lectura voraz con sus textos a un lado. Se enrabian si ven que en cualquier otra página genérica de lectores alguien comparte sus escritos sin colocar su autoría; son capaces de pelear a capa y espada por recuperar su dignidad e ingenuos, ellos, acaban poniéndoles “Todos los derechos reservados” a sus (malos) textos. Confían cabalmente en que depositar una © eximirá a sus escritos del plagio, destinan horas y horas buscando en internet que nadie les robe sus (comunes) ideas, tiempo que pudieron bien destinar a corregir sus carbones.

Tienen muchísimas solicitudes de amistad; si son mujeres, nunca les falta un adulador, un caballero que las defienda de los comentarios malos. Si son hombres, jamás les faltarán féminas embelesadas con el paraíso romántico de la lectura y su búsqueda de Mr. Darcy, que aprueben y compartan sus pésimos escritos, muchas veces, oh, ingenuas, creyendo por un momento que el escritor de Facebook se los dedica a ellas.

Entre mujeres, hipocresía, se comparten y se “leen”, pero en el fondo, creo humildemente, se envidian; en los inbox se despedazan, se eliminan y se bloquean. Todo es dar y jamás recibir, te pegan sus textos o por inbox te invitan a que los leas. Cuando les pides su opinión te evaden, te evitan, sólo quieren ser ellos los leídos.

Nunca han editado un libro, no conocen más de tres o cuatro normas editoriales. Jamás leyeron la “Epístola a los Pisones”. Le tienen miedo a la “alta literatura” porque la consideran un reino lejano. Construyeron sus páginas de fans, que casi siempre supera a las cien personas (de las cuáles, 30 también son autores de Facebook). Se consideran lectores ávidos, y por aquello, capaces y hábiles para fungir como psicólogos, sexólogos, consejeros conyugales, etc. Dan consejos que no aplican en sus vidas.

Siempre le escriben al amor, o a la ausencia, o al desamor, o a la pareja que desapareció, a la infidelidad, al café, la lluvia. En ocasiones, ¡Qué malotes!, dicen palabras como vagina, puta, sexo, acostar, follar. Se sienten realizados cuando alguien les dice “parece que me estás describiendo”… porque eso están haciendo, describir fórmulas simples y genéricas, aplicarle la aritmética a la escritura, describiendo figuras y anécdotas comunes, para que los lectores se reflejen.

Habla de una relación tormentosa, habla de un amor olvidado, habla de un amor a distancia. Habla de superarlo, de dejar de llorar. Habla de esa canción que escuchaban juntos. Habla de eso y vencerás. Te coronarán, te dirán “sigue escriviendo e ignora a kienes t insultan o critican.”

Se victimizan y acomplejan pero no saben desligarse ni crear un solo personaje que nada tenga que ver con ellos mismos. Se sienten triunfadores por abrir y leer un libro, temen ser parte del montón, por eso buscan destacar, por eso prefieren escribir a leer, prefieren que los lean a leer. Acumulan decenas, cientos, miles de pdf´s, epub´s, .docs, que no leerán jamás, pero si llegan a leer alguno, presumirán a diestra y siniestra que lo hicieron, y que no quisieran terminarlo nunca, y lo recomiendan, casi tanto, como recomiendan sus propios escritos.

Agradecen personalmente cada halago y buen comentario. Responden cosas como “buenos días”, “Me alegra que te haya gustado”, “si quieres leer más, dale like a mi página”. Ignoran todo comentario mala leche y se conforman con darle “me gusta” a todo aquel que los apoye.

Nunca los verás en antologías, ni verás sus libros en las grandes editoriales. Su obra, ingenuos, al haber sido plasmada en esta red social ha perdido su ineditez; por eso aún sus mejores textos no podrán ganar ningún premio.

Sueñan con publicar su primera novela, que no es muy distinta a los 3 post diarios que publican durante todo el mes. Ansían que les escriba un asesor de  Penguin Random House Mondadori, Alfaguara, etc., que les diga que sus textos son buenos y que quieren publicarlos. Quieren y sueñan vivir como escritores e ir a ferias de libros. Pero saben que han sido desterrados, saben que su mejor escrito será despedazado por los buitres que estudian literatura, y que si su texto se viraliza, lo mejor será bajar el rostro. Los han rechazado (con razón) de revistas de literatura. Los trolls de internet suelen ser crueles, pero si el texto no se defiende a sí mismo, menos lo hará su autor.

Ocultan sus nombres y no postean sus fotos. Se hacen una nueva cuenta. Son autores de closet. Están contentos y siguen escribiendo, no les queda de otra. Están convencidos que escribir los salvará de sí mismos, ya no se trata de un like solamente. Son la farándula aplicada al texto, se la viven en los grupos de lectores, buscando adeptos, recomendando su cansina obra. Están conformes, aunque sus textos digan –mecánicamente- todo lo contrario.

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